El principio de Jean le Rond d’Alembert

Cuerpo rígido y Movimiento fluido

D’Alembert apareció en su Traité de dynamique (1743). Se trata del problema del movimiento de un cuerpo rígido. Tratando el cuerpo como un sistema de partículas, D’Alembert resolvió las fuerzas impresas en un conjunto de fuerzas efectivas, que producirían el movimiento real si las partículas no estuvieran conectadas, y un segundo conjunto. El principio establece que, debido a las conexiones, este segundo conjunto está en equilibrio. Un resultado sobresaliente logrado por D’Alembert con la ayuda de su principio fue la solución del problema de la precesión de los equinoccios, que presentó a la Academia de Berlín en 1749. Otra forma del principio de D’Alembert establece que las fuerzas efectivas y las fuerzas impresionadas son equivalentes. En esta forma, el principio se había aplicado anteriormente al problema del péndulo compuesto, pero estas anticipaciones de ninguna manera se acercan a la claridad y generalidad logradas por D’Alembert.

En su Traité de l’équilibre et du mouvement des fluides (1744), D’Alembert aplicó su principio a los problemas del movimiento de fluidos, algunos de los cuales ya habían sido resueltos por Daniel Bernoulli. D’Alembert reconoció que los principios del movimiento de fluidos no estaban bien establecidos, ya que aunque consideraba la mecánica como puramente racional, suponía que la teoría del movimiento de fluidos requería una base experimental. Un buen ejemplo de un resultado teórico que no parecía corresponder con la realidad fue el conocido como paradoja de D’Alembert. Aplicando su principio, D’Alembert dedujo que un fluido que fluía más allá de un obstáculo sólido no ejercía ninguna fuerza resultante sobre él. La paradoja desaparece cuando se recuerda que el fluido invisible previsto por D’Alembert era pura ficción.

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